“Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.
Gabriel García Márquez.
Fue el novelista colombiano al que casi todos los periodistas admiramos quien escribió esas palabras en su discurso ante la 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), en Los Ángeles, EE.UU., el 7 octubre 1996.
Y cuando lo hizo seguramente pensó que aunque el periodismo es, entre otras cosas…muchas cosas…, una profesión romántica, y otros cuestionen con frecuencia a quienes la ejercemos, no todos son capaces, pluma en mano, de clavar la verdad en los corazones, como escribió Martí, con su extraordinaria visión de futuro.
Sobre periodismo todos hablan… ¡Es una carrera bonita! ¡Yo quería estudiar periodismo! ¡A mi escuela no llegó! ¡Es un oficio arriesgado… Pareciera que te admiran. Pero muchas trabas aparecen a la par de esas mismas personas cuando de obtener información se trata.
“Sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de carácter que revela…también escribía el apóstol.
Pero aún así, a veces he regresado Ali caída cuando me quedo colgando por horas del teléfono tras una información, o esperando a una persona “que sólo ella y nadie más que ella está autorizada” para ofrecerla, o cuando no me cuentan con exactitud que pasará en un evento…Alguien QUE ME ATIENDA…pero de esa manera y NO de otra…NO con suculentos platos, o enardecidas invitaciones a una fiesta…
Que nadie piense que tras una intensa jornada de partos literarios, cesáreas informativas ante un hecho, almorzar puede ser un alto estímulo. Sólo se trata de echar combustible para seguir, quien sabe hasta la noche…
Y es cierto, el periodismo es una pasión insaciable…pero sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad.
Por eso me gusta lo que hago, y no permito que nadie lo confunda. Como decía un colega, a veces, en lugar de encontrar en el desacuerdo el valor de los puntos de vista distintos que ayudan a construir, se empeñan en profundizar en las diferencias.
Y claro está, nadie me dará una palmadita en el hombro ante la crítica, pero bien pudieran asumirla con soluciones y NO con enfados.
Y ¡ay! Del que me engañe, el que trate de ocultar datos, encubrir errores, o sencillamente presionar a otros a no decir lo que quieren…con la misma sonrisa afable indago hasta el final…Ya lo dijo Martí: El periodista ha de saber, desde la nube hasta el microbio… la verdad no se ha de quedar sin decir.
Quienes se atrevan a tratar de comprendernos tendrán que asumir los peligros de descubrir a un profesional que NO se caracteriza por el miedo, los disfraces, o los juicios baldíos.