Creo que he escrito más de arroz en los últimos tiempos que la cantidad que ingiero diariamente en las comidas. La verdad es que no es mi plato preferido y puedo prescindir perfectamente de él.
Sin embargo, pienso que es un asunto serio para los cubanos. Comer sin arroz dicen algunos “es como no haber comido”.
Un cereal sano y nutritivo, con cualidades que lo vuelven ideal en cualquier tipo de dieta, importado en esta pequeña isla por grandes cantidades, no debe quedar en el olvido.
En el mundo tiene disímiles usos, él y sus derivados, se utilizan para hacer paja y cuerdas, papel, vino, galletas secas, cerveza, cosméticos, material de embalaje, e incluso pasta de dientes.
Pero en Cuba…evidentemente nada tiene que ver esa historia…el arroz aquí es con pollo, con frijoles, con maíz y con muchísimas cosas más….o sin ellas.
Muchas hectáreas se dedican para su cultivo, y casualmente me viene de cerca la recomendación viviendo en una provincia con un altísimo potencial para producir el cereal.
Unas 50 mil toneladas de arroz consumo producirá Granma este año. Casi el doble de lo que produjo en 2008, y tres veces lo logrado en 2007, aproximadamente.
El crecimiento es sostenido, sin dudas. Estimuló la entrega de tierras y los precios.
Sin embargo, el incremento en los volúmenes de cosecha se volvió un bumerang para los granmenses, y tal vez para todos los arroceros del país.
Las capacidades de secado y molinaje del grano no dan abasto con la cosecha. Ese es el mayor problema, pero hay otros que tienen que ver con la organización del trabajo.
El necesario engranaje que inicia con la siembra, luego la cosecha el secado y el molinazo, no funciona como debiera, y de hecho ya es una experiencia enriquecedora para el próximo año.
En almacenes unas 20 mil toneladas de arroz en cáscara están aún sin molinar, otras mil, seco, en manos de los productores, no se les han podido comprar, y algunos volúmenes perdidos en los campos.
La preocupación es general. También los investigadores en la Estación Experimental del arroz sienten la obligación de ocuparse, junto a los productores, de mejorar la calidad de las semillas y la Asociación de Agricultores Pequeños planifica cursos y talleres que contribuyan a ello.
Otros idean la construcción de mayor cantidad de secaderos y molinos rústicos, y algunos refieren el mejoramiento del salario y la alimentación que deben tener los mecánicos de la maquinaria.
La campaña arrocera exige integración. Se ha hecho un gran esfuerzo, pero se necesitan mayores resultados, que no frenen la vitalidad y la reanimación del sector.
Nunca será tarde para ofrecer soluciones, que más allá de rendimientos, van a beneficiar, sin discusión, a todas las familias del país.
Y no olvidar que tan importante es lograr grandes producciones, como hacerlas con eficiencia, todo para que haya más arroz en la mesa del cubano.